domingo, 8 de septiembre de 2013

Capítulo cinco.

Carlos: ____ no te enfades anda.
Yo: No hagas eso más, eh.
Carlos: Vale. -reímos.

Empezamos a saltar un poco pero nada. No venía la luz, el ascensor no bajaba... Seguíamos encerrados. Me cansé de estar de pie y me senté en el suelo con las piernas estiradas. Carlos hizo igual.

Yo: ¿Y ahora qué?
Carlos: A esperar.
Yo: Puf...
Carlos: Tranquila, ya verás que viene cuando menos te lo esperes.
Yo: Claro. -me levanté- Pues yo no espero que venga ahora y sigue sin venir.
Carlos: No seas tonta. -se levantó- Ya verás.
Yo: Ya pero... -estábamos muy cerca... Mierda, me pierdo en sus ojos.
Carlos: Pero... -me agarró de la cintura.
Yo: Pero nada.

Me pegó más a él y empezamos a besarnos. Otra vez a pasado lo mismo. Empezó a meter su mano por mi espalda por dentro de la camiseta. Iba a desabrocharme el sujetador pero le paré. Le apreté los brazos y los sacó. ¿Qué pretende? Paramos de besarnos y como si nada hubiera pasado, nos volvimos a sentar en el suelo.

Yo: Me aburro mucho...
Carlos: Yo tengo aquí mi móvil.
Yo: Y yo. Pero por lo menos el mío aquí no coge cobertura.
Carlos: Pues el mío sí.
Yo: Normal, tienes un iPhone.
Carlos: ¿Quieres jugar?
Yo: A qué.
Carlos: Al Candy Crush.
Yo: ¡Trae! -le intenté coger el móvil pero acabé sentada encima suya- Dámelo.
Carlos: Ni hablar. Mi móvil no lo toca NADIE.
Yo: Pero yo no soy nadie, soy ____.
Carlos: Pues mi móvil no lo toca ____.
Yo: Pero ahora me llamo Nadie.
Carlos: Deja las tonterías anda.
Yo: Dámelo por fa... -lo abracé.
Carlos: No sé...
Yo: Por fa... -le metí la mano en el bolsillo y saqué su móvil- ¡¡Lo tengo!!
Carlos: ¡¡Dámelo!!
Yo: Hostia...
Carlos: Qué ha pasado...
Yo: Que ya son las diez de la noche... Con razón tengo hambre.
Carlos: Mierda... -se dio un capón en la frente.
Yo: TENGO HAMBRE.
Carlos: Te aguantas.

Y así pasamos hasta las doce. A esa hora vino la luz por fin. Como no aguantamos, nos quedamos dormidos en el ascensor. Yo con la cabeza echada en el hombro de Carlos y él con su brazo por mi hombro. A las 2:00 más o menos me desperté. El ascensor se quedó con la puerta abierta en mi planta. Desperté al rubio y nos levantamos. Le dije que se quedase en mi casa a dormir y el, aceptó. Entramos. Peluso estaba dormido en el sofá. Fuimos a mi cuarto y destapé la cama. Carlos me dijo que él se iba a dormir al sofá y yo le dije que hiciera lo que quisiese. Me metí en la cama y me dormí al rato. A las 5:00 de la mañana de desvelé. Varias veces intenté quedarme dormida pero nada, sólo hacía la croqueta en la cama. Me levanté y abrí la puerta del salón. Y ahí estaba Carlos, dormido boca abajo con el cojín en a cara. Me senté a su lado despacio para no hacer ruido. Se movió un poco y se quedó boca arriba de lado. Me reí y abrió un ojo.

Carlos: Qué te pasa... -dijo adormilado.
Yo: No puedo dormir y hay que despertarse luego para ir al instituto...
Carlos: Ven anda. -me hizo una señal y me tumbé a su lado. Me pasó el brazo el brazo por encima de la cintura y me quedé mirándole.
Yo: Dentro de unas horas tenemos que...
Carlos: Calla. -me pegó más a él y nos quedamos abrazos.

{...}

Yo: ¡Va, Carlos, que llegamos tarde! -lo zarandeé.
Carlos: ¿Qué haces ya arreglada? -se incorporó.
Yo: Venga, vamos a tu casa a coger la mochila y te arreglas un poco. -dije peinándole el pelo con mi mano.
Carlos: Vale, vamos.

Se levantó, se puso sus zapatos, cogí mi mochila y salimos hacia su casa. No quedaba muy lejos de la mía. Le dije que le esperaría abajo y algo confundido, aceptó. Vi cómo subía por el ascensor de su portal. Yo estaba fuera, en la calle, esperándole, cuando pasaron las niñas de mi clase. Agaché la cabeza pero demasiado tarde, ya estaban a mi lado.

Alba: ¿Qué haces aquí?
Carmen: ¿A quién esperas?
Yo: A...
Sara: ¡¡CARLOS!! -me giré y ahí lo vi, abriendo el portal.
Carlos: Hola...
Yo: Aún sigues dormido, ¿no? Despierta anda. -le di una colleja y se rió.
Teresa: Carlos vente con nosotras.
Carlos: Pero...

No le dio tiempo a reaccionar cuando las cuatro le rodearon y se lo llevaron. Me quedé petrificada pero bueno, estaba acorralado, no podía hacer nada. Esperé a que doblaran la esquina pero no, no pude y salí corriendo para que nadie me viera sola, como siempre. Llegué a la puerta del instituto un poco cansada, pero tomé aire y entré. Subí a clase y estaba la mitad casi. Me senté en mi sitio y esperé a Carlos. Llegó a los pocos segundos de sentarme. Iba con esas cuatro todab... ¿¡Pero qué hace!? Su sitio esta aquí, ¡a mi lado! No entre Alba y Carmen... Mierda. Qué hago, ¿me levanto? No. Lo mejor será no liarla. Si preguntáis sí, estoy enfadada. Y mucho. Es mi amigo, no el de esas. Me cago en todo joder. Encima se me sienta al lado Raúl. Oh, sí, bien, voy a intentar vengarme...

martes, 3 de septiembre de 2013

Capítulo cuatro.

Carlos: Ahora haremos el recreo aquí dentro, ¿no?
Yo: Sí...
Carlos: ¿Qué pasa?
Yo: Que está lloviendo y quiero salir afuera.
Carlos: ¿Vamos?
Yo: ¿Ahora?
Carlos: Ahora.

Me cogió del brazo y salimos al recreo sin que nadie nos viese. Me encanta esto. Yo es que cuando llueve me pongo muy blandengue. Blandengue en el sentido en el que soy muy... No sé, algo así como más dulce de lo normal. No paraba de reír bajo aquella lluvia que caía. Carlos cada vez se acercaba más a mi, pero yo no echaba cuenta. Una de esas veces en las que me quedé embobada mirando sus preciosos ojos verdes, me besó. No puedo decir cómo fue pero pasó así, de repente. Cuando nuestros labios se separaron, yo sólo reí y le abracé. Entramos al edificio cuando sonó el timbre y estábamos demasiado mojados, pero eso al profesor le dio igual. Durante todas las clases de después de ese recreo estuve en la luna. ¿Me habré enamorado? Bah, chorradas. Sólo me he encariñado de él. Quizá bastante, pero sólo eso. Sonó el timbre de salida y, vergonzosamente, le tuve que pedir los deberes a Carlos porque no me había enterado de NADA. Él me acompañó a casa, ya que yo no llevaba paraguas y como que pasaba un poco de resfriarme. Bastante me había mojado antes. Pero ya estoy seca y es como si no hubiera pasado nada. Antes de entrar al portal de mi piso, Carlos me detuvo.

Carlos: ¿Vives aquí?
Yo: Sí, ¿dónde sino? -reí.
Carlos: Y en qué planta.
Yo: 4ºC
Carlos: ¡Anda! Ce de...
Yo: Carlos. -sonreí.- Tengo que irme pero supongo que ya nos veremos.
Carlos: ¡Eso espero! Tú me avisas.

Sonreímos y nos abrazamos. Abrí el portal y cuando lo cerré él se fue. Me quedé mirándole por el cristal de la puerta hasta que desapareció por la esquina. Abrí el buzón por si había algo. Pero no encontré nada. Subí a casa y cuando cerré la puerta de ella, detrás, había una nota en la que ponía: "____ sé que hoy es martes pero tu padre y yo nos hemos tenido que ir de viaje de negocios. Vendremos la semana que viene. Pórtate bien y cuida esa amistad que tienes. Besos." Esto no puede ser. Una casa tan grande para mi sola no. Bueno, vale, tengo un gato pero... Por lo menos no estoy sola. Fui a la cocina y abrí la nevera con esperanzas de encontrar comida preparada. En efecto. Macarrones. Abrí la tapa del tupper y metí los macarrones en el microondas. Al minuto y medio los saqué y me los comí. Todavía llovía. Recogí la cocina y me tumbé en el sofá. Poco rato fue el que estuve en él porque me acordé de que hoy sí que tenía deberes. Me llevé la mochila al cuarto y allí estaba Peluso. Mi gato. Bueno estaba dormido en mi cama. Dejé la mochila en el suelo, lo saqué todo y me puse manos a la obra. No tenía mucho. Sólo unos 10 ejercicios de legua y 5 de matemáticas. Sí, esos son pocos para los que normalmente me mandan. No tardé mucho en hacerlos. A mi me da igual si están bien o mal. Yo los hago a la bulla, me tomo mi tiempo libre y ya a la noche le busco los fallos. Terminé y me tumbé otra vez en el sofá, esta vez con Peluso, que se vino conmigo. Se puso en mi barriga y me quedé acariciándole. Poco a poco me iba quedando dormida hasta que caí en un profundo sueño. Poco duró ya que alguien me llamó al móvil. Lo cogí sin mirar quién era.

Yo: ¿Sí?
Carlos: ¿____?
Yo: ¡Hombre! ¡Carlitos! ¿Qué pasa?
Carlos: Nada. Solo que estaba aburrido y te he llamado.
Yo: Pues aquí no hay solución. Yo también estoy aburrida y me deprimo.
Carlos: ¿Por qué te deprimes?
Yo: Porque mis padres se han ido de viaje de negocios una semana y estoy sola en casa. Bueno, con Peluso, pero es que él no habla.
Carlos: ¡Pues que rollo!
Yo: Ya ves... Bueno, ¿qué te cuentas?
Carlos: Nada prácticamente porque no me puedo aburrir más, ¿y tú?
Yo: Pues igual o más.
Carlos: Bueno, tienes a tu gato.
Yo: ¡Pero él no habla! -le grité.
Carlos: Eh, eh, te me tranquilizas.
Yo: Lo siento... -se formó un silencio largo e incómodo y, claro, tuve que romperlo.- ¿Sigues ahí?
Carlos: No. -rió.
Yo: ¿Y entonces quién eres tú?
Carlos: Pues Carlitos.
Yo: Ah, claro, el hermano pequeño imaginario de Carlos ¿no?
Carlos: ¡Claro!
Yo: Para ya anda.
Carlos: Jo, vale.
Yo: Oye que...
Carlos: ¿Me abres el portal?
Yo: Eh... ¿Cómo?
Carlos: Estoy abajo tonta, abre.
Yo: Voy, te cuelgo.

Colgué. Eso si que no me lo esperaba. Le abrí el portero y dejé la puerta de casa abierta para que entrara y me senté en el sofá. Noté cómo pasado el rato se cerró y me levanté a abrazarle.

Yo: ¿Pero qué haces aquí? -sonreí.
Carlos: Pues nada, que me he pasado para visitarte.
Yo: Pero lo has hecho sin avisar. Mal, eh Carlos, mal. -reí.
Carlos: Bueno, pues me voy. -se dio media vuelta.
Yo: ¡No, no! -le agarré del brazo y lo traje hacia mi.- Tú no te vas. -sonreímos.
Carlos: Me gusta tu casa, es grande.
Yo: ¿A caso la tuya no lo es?
Carlos: Bueno... ¡¡AH!! -se asustó de Peluso. Me agaché y lo cogí.
Yo: Oh, vamos, no hace nada. -me hizo gracia el susto que se llevó.
Carlos: ¿Muerde? ¿Araña? ¿Es simpático?
Yo: No, no, sí.
Carlos: ¿Puedo tocarlo?
Yo: ¡Claro! -se lo acerqué y empezó a acariciarlo.

Le dejé el gato para que lo cogiera en brazos y Dios... ¡Estaban para sacarles una foto! Le dije que se quedase donde estaba y me fui a mi cuarto. Cogí mi cámara y volví al salón. Mi cámara es de esas que pesan, las profesionales. Le dije a Carlos que se acercase a Peluso un poco más a la cara y que sonriera. Así lo hizo. Saqué una foto un poco graciosa porque mi gato salía con los ojos cerrados y lamiéndole la mejilla a Carlos. Los dos nos reímos y el gato pegó un salto hacia el suelo.

Yo: Bueno, a ver, ¿qué quieres hacer?
Carlos: ¿Te apetece salir fuera? Ya no llueve y está nublado pero aún así llevo paraguas. -sonrió.
Yo: Está bien. ¿Pero a dónde vamos?
Carlos: ¿Al centro?
Yo: ¡Vale! Hace un montón que no voy...
Carlos: Vamos.

Los dos desaparecimos por la puerta de casa y Peluso se quedó sólo. No pasa nada porque ya está acostumbrado.

Yo: Carlos vamos por las escaleras... Que estos ascensores ya son muy viejos.
Carlos: ¿¡Yo!? ¿¡Por las escaleras!? JAJAJAJAJAJAJAJA no.
Yo: Bueno, vale.

Le dio al botón del ascensor y vino. Lento, pero vino. Nos montamos. Del 4º hasta el 0, parece que no, pero con estos ascensores se tarda. De repente, el ascensor se quedó parado en el 2º.

Yo: Qué está pasando... -dije con voz temblorosa.
Carlos: El ascensor, que se ha quedado parado.
Yo: Mierda. -me acerqué a la puerta y le di un golpe pero nada, no funcionaba.
Carlos: A ver tranquila... -empezó a saltar.
Yo: ¡Pero qué haces loco!
Carlos: ¡Intentar que el ascensor baje! ¿¡Te parece!?
Yo: Justo me tenía que quedar encerrada contigo... No podía ser con otra persona, no.
Carlos: ¡¡Oye, no te quejes!!
Yo: ¡¡Pues no me grites!! -le dije en su cara.
Carlos: ¡Bueno pues lo siento joder!
Yo: Puf...
Carlos: Que.
Yo: Que te calles.
Carlos: ¿Y si no quiero?
Yo: Te callas igual.
Carlos: ¿Estás enfadada?
Yo: Sí.
Carlos: ¿Por qué?
Yo: Porque no soporto que me griten y menos estar aquí encerrada... -le di la espalda y me eché sobre la pared del ascensor.
Carlos: Perdona... Es que me pongo muy nervioso. -me abrazó por detrás y otra vez esa sonrisa tonta.
Yo: Vamos a intentar salir de aquí. -me di la vuelta.- ¿Vale?
Carlos: Vale.

Me dirigí hacia la puerta y empecé a darle golpes. Una vecina amable nos escuchó y empezó a hablarnos.

Vecina: Chicos lo siento, es que se fue la luz en todo el piso.
Carlos: Con razón estamos a oscuras...
Yo: ¿Y no sabe cuándo volverá?
Vecina: No cielo, lo siento. Me voy a casa, que me duele la espalda, a ver si cuando vuelva ya funciona el ascensor.
Yo: Vale, gracias. -noté como se iba.- Carlos, no estoy para juegos, dónde estas... -silencio- Va, Carlos, dónde mierda estás... -más silencio- Carlos... -empecé a llorar de broma para que viniera y me abrazara. Así hizo.
Carlos: Venga, no llores.
Yo: ¿Dónde estabas estúpido?
Carlos: Eh, eh, sin insultar. -se despegó de mi.
Yo: Dónde.
Carlos: En una esquina.
Yo: Por qué.
Carlos: Para darte un susto. -rió.
Yo: Pues no le veo la gracia, joder. -me crucé de brazos.
Carlos: ____ no te enfades anda.
Yo: No hagas eso más, eh.
Carlos: Vale. -reímos.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Capítulo tres.

Carlos: Bueno, mientras nos sigamos viendo todo irá bien.
Yo: Eso espero...
Carlos: ¿Cómo que eso esperas?
Yo: Pues que mis padres pueden castigarme sin salir y eso... :S
Carlos: Ya verás cómo no pasa nada :)
Yo: ¿Seguro?
Carlos: Seguro.

{...}

Yo: Tengo que dejarte que me llaman para cenar, hasta mañana :)
Carlos: Hasta mañana :D

Tiré el móvil a la cama y me fui para la cocina. Cené con mis padres y tuve que aguantar sus comentarios sobre los amigos y tal. Comí rápido para acostarme temprano, no tenía muchas ganas de nada. Me puse el pijama y me metí en la cama. Mañana sería un nuevo día...

*A las 6:30*

Yo: Joder que sueño... -dije levantándome de la cama.

Hice la rutina de siempre. Desayuné, me vestí con otra sudadera ancha, unos vaqueros largos y unas Vans verdes a juego con la sudadera. Me aseé, cogí mi mochila y salí para el instituto. A mitad de camino, no sé cómo, me crucé con Carlos.

Carlos: ¡Pero bueno! ¿Qué haces por aquí?
Yo: Ay, pues mira, que me iba a correr un rato, ¡no te digo!
Carlos: Ah, qué bien.
Yo: Tonto. -seguí mi camino y él se vino conmigo.
Carlos: ¿No decías que te ibas a ir a correr?
Yo: Sí, pero bah, no me hace falta.
Carlos: Vale. -rió.

Entramos al instituto. Me dejó que pasara primero y subimos a clase. Ya había gente. Por un lado, estaban los que me intimidaban. Por otro, los que también me intimidaban. Pero a mi lado, Carlos. Mi mejor amigo. Sí, es mi mejor amigo porque es el único que tengo pero bueno. Nos sentamos al lado y empezamos a reírnos solos. No se sabe cómo.

Rafa: Mira... ¿Por qué os reís ahora tontos?
Yo: ¡Ni idea! -parecía que iba a llorar de la risa.
Raúl: ¡Nena! ¡Que pares! -me dio una bofetada y se me saltaron las lágrimas.
Simón: Miradla, sólo sabe llorar. -se fueron y me quedé con la mano en la mejilla.
Carlos: Yo no...
Yo: Ya lo sé, no pudiste hacer nada, da igual.
Carlos: No, no da igual. -se levantó.
Yo: Carlos por favor no... -le cogí del brazo y lo senté.
Carlos: Eres mi amiga, tengo que defenderte.
Yo: Da igual, esto siempre será así y no lo cambiará nadie. Mi mundo es una esfera gris, todo triste.
Carlos: ____, algún día el sol brillará en tu mundo.
Yo: No lo creo.
Carlos: No me creas, me da igual, sé que tengo razón.
Yo: Cabezota. -sonreí.
Carlos: Tonta. -me abrazó.

Entró el profesor y empezó la clase. Clase tras clase por fin el recreo. Carlos y yo salimos juntos y nos sentamos en las gradas de la pista de fútbol. Algo que yo nunca hago.

Ángel: ¡Eh! ¡Carlos! ¿Te vienes a jugar? -le dijo a Carlos desde la portería.
Yo: Ve a jugar, anda. No tienes porqué estar conmigo todo el día.
Carlos: Está bien... ¡Voy! -bajó las gradas y se puso a hablar con los chicos.

Pronto empezó el partido. Carlos estaba en el mejor equipo, claro está. Jugaba mi clase contra la de enfrente. Mi clase no jugaba mal, la verdad. Nunca los había visto pero son muy buenos. A Carlos tampoco se le da mal esto del fútbol. De repente, empezó a llover. Ya se veía mal día. Uno de los chicos cogió la pelota y todos se metieron en el edificio. Todos menos Carlos, que tuvo que aguantarme ya que me encanta la lluvia. Tubo que cogerme del brazo y llevarme a clase porque si no, no me iba de allí. Llegamos y nos sentamos, vaya, como siempre. Aunque esta vez estábamos empapados.

Carlos: Ahora haremos el recreo aquí dentro, ¿no?
Yo: Sí...
Carlos: ¿Qué pasa?
Yo: Que está lloviendo y quiero salir afuera.
Carlos: ¿Vamos?
Yo: ¿Ahora?
Carlos: Ahora.