martes, 3 de septiembre de 2013

Capítulo cuatro.

Carlos: Ahora haremos el recreo aquí dentro, ¿no?
Yo: Sí...
Carlos: ¿Qué pasa?
Yo: Que está lloviendo y quiero salir afuera.
Carlos: ¿Vamos?
Yo: ¿Ahora?
Carlos: Ahora.

Me cogió del brazo y salimos al recreo sin que nadie nos viese. Me encanta esto. Yo es que cuando llueve me pongo muy blandengue. Blandengue en el sentido en el que soy muy... No sé, algo así como más dulce de lo normal. No paraba de reír bajo aquella lluvia que caía. Carlos cada vez se acercaba más a mi, pero yo no echaba cuenta. Una de esas veces en las que me quedé embobada mirando sus preciosos ojos verdes, me besó. No puedo decir cómo fue pero pasó así, de repente. Cuando nuestros labios se separaron, yo sólo reí y le abracé. Entramos al edificio cuando sonó el timbre y estábamos demasiado mojados, pero eso al profesor le dio igual. Durante todas las clases de después de ese recreo estuve en la luna. ¿Me habré enamorado? Bah, chorradas. Sólo me he encariñado de él. Quizá bastante, pero sólo eso. Sonó el timbre de salida y, vergonzosamente, le tuve que pedir los deberes a Carlos porque no me había enterado de NADA. Él me acompañó a casa, ya que yo no llevaba paraguas y como que pasaba un poco de resfriarme. Bastante me había mojado antes. Pero ya estoy seca y es como si no hubiera pasado nada. Antes de entrar al portal de mi piso, Carlos me detuvo.

Carlos: ¿Vives aquí?
Yo: Sí, ¿dónde sino? -reí.
Carlos: Y en qué planta.
Yo: 4ºC
Carlos: ¡Anda! Ce de...
Yo: Carlos. -sonreí.- Tengo que irme pero supongo que ya nos veremos.
Carlos: ¡Eso espero! Tú me avisas.

Sonreímos y nos abrazamos. Abrí el portal y cuando lo cerré él se fue. Me quedé mirándole por el cristal de la puerta hasta que desapareció por la esquina. Abrí el buzón por si había algo. Pero no encontré nada. Subí a casa y cuando cerré la puerta de ella, detrás, había una nota en la que ponía: "____ sé que hoy es martes pero tu padre y yo nos hemos tenido que ir de viaje de negocios. Vendremos la semana que viene. Pórtate bien y cuida esa amistad que tienes. Besos." Esto no puede ser. Una casa tan grande para mi sola no. Bueno, vale, tengo un gato pero... Por lo menos no estoy sola. Fui a la cocina y abrí la nevera con esperanzas de encontrar comida preparada. En efecto. Macarrones. Abrí la tapa del tupper y metí los macarrones en el microondas. Al minuto y medio los saqué y me los comí. Todavía llovía. Recogí la cocina y me tumbé en el sofá. Poco rato fue el que estuve en él porque me acordé de que hoy sí que tenía deberes. Me llevé la mochila al cuarto y allí estaba Peluso. Mi gato. Bueno estaba dormido en mi cama. Dejé la mochila en el suelo, lo saqué todo y me puse manos a la obra. No tenía mucho. Sólo unos 10 ejercicios de legua y 5 de matemáticas. Sí, esos son pocos para los que normalmente me mandan. No tardé mucho en hacerlos. A mi me da igual si están bien o mal. Yo los hago a la bulla, me tomo mi tiempo libre y ya a la noche le busco los fallos. Terminé y me tumbé otra vez en el sofá, esta vez con Peluso, que se vino conmigo. Se puso en mi barriga y me quedé acariciándole. Poco a poco me iba quedando dormida hasta que caí en un profundo sueño. Poco duró ya que alguien me llamó al móvil. Lo cogí sin mirar quién era.

Yo: ¿Sí?
Carlos: ¿____?
Yo: ¡Hombre! ¡Carlitos! ¿Qué pasa?
Carlos: Nada. Solo que estaba aburrido y te he llamado.
Yo: Pues aquí no hay solución. Yo también estoy aburrida y me deprimo.
Carlos: ¿Por qué te deprimes?
Yo: Porque mis padres se han ido de viaje de negocios una semana y estoy sola en casa. Bueno, con Peluso, pero es que él no habla.
Carlos: ¡Pues que rollo!
Yo: Ya ves... Bueno, ¿qué te cuentas?
Carlos: Nada prácticamente porque no me puedo aburrir más, ¿y tú?
Yo: Pues igual o más.
Carlos: Bueno, tienes a tu gato.
Yo: ¡Pero él no habla! -le grité.
Carlos: Eh, eh, te me tranquilizas.
Yo: Lo siento... -se formó un silencio largo e incómodo y, claro, tuve que romperlo.- ¿Sigues ahí?
Carlos: No. -rió.
Yo: ¿Y entonces quién eres tú?
Carlos: Pues Carlitos.
Yo: Ah, claro, el hermano pequeño imaginario de Carlos ¿no?
Carlos: ¡Claro!
Yo: Para ya anda.
Carlos: Jo, vale.
Yo: Oye que...
Carlos: ¿Me abres el portal?
Yo: Eh... ¿Cómo?
Carlos: Estoy abajo tonta, abre.
Yo: Voy, te cuelgo.

Colgué. Eso si que no me lo esperaba. Le abrí el portero y dejé la puerta de casa abierta para que entrara y me senté en el sofá. Noté cómo pasado el rato se cerró y me levanté a abrazarle.

Yo: ¿Pero qué haces aquí? -sonreí.
Carlos: Pues nada, que me he pasado para visitarte.
Yo: Pero lo has hecho sin avisar. Mal, eh Carlos, mal. -reí.
Carlos: Bueno, pues me voy. -se dio media vuelta.
Yo: ¡No, no! -le agarré del brazo y lo traje hacia mi.- Tú no te vas. -sonreímos.
Carlos: Me gusta tu casa, es grande.
Yo: ¿A caso la tuya no lo es?
Carlos: Bueno... ¡¡AH!! -se asustó de Peluso. Me agaché y lo cogí.
Yo: Oh, vamos, no hace nada. -me hizo gracia el susto que se llevó.
Carlos: ¿Muerde? ¿Araña? ¿Es simpático?
Yo: No, no, sí.
Carlos: ¿Puedo tocarlo?
Yo: ¡Claro! -se lo acerqué y empezó a acariciarlo.

Le dejé el gato para que lo cogiera en brazos y Dios... ¡Estaban para sacarles una foto! Le dije que se quedase donde estaba y me fui a mi cuarto. Cogí mi cámara y volví al salón. Mi cámara es de esas que pesan, las profesionales. Le dije a Carlos que se acercase a Peluso un poco más a la cara y que sonriera. Así lo hizo. Saqué una foto un poco graciosa porque mi gato salía con los ojos cerrados y lamiéndole la mejilla a Carlos. Los dos nos reímos y el gato pegó un salto hacia el suelo.

Yo: Bueno, a ver, ¿qué quieres hacer?
Carlos: ¿Te apetece salir fuera? Ya no llueve y está nublado pero aún así llevo paraguas. -sonrió.
Yo: Está bien. ¿Pero a dónde vamos?
Carlos: ¿Al centro?
Yo: ¡Vale! Hace un montón que no voy...
Carlos: Vamos.

Los dos desaparecimos por la puerta de casa y Peluso se quedó sólo. No pasa nada porque ya está acostumbrado.

Yo: Carlos vamos por las escaleras... Que estos ascensores ya son muy viejos.
Carlos: ¿¡Yo!? ¿¡Por las escaleras!? JAJAJAJAJAJAJAJA no.
Yo: Bueno, vale.

Le dio al botón del ascensor y vino. Lento, pero vino. Nos montamos. Del 4º hasta el 0, parece que no, pero con estos ascensores se tarda. De repente, el ascensor se quedó parado en el 2º.

Yo: Qué está pasando... -dije con voz temblorosa.
Carlos: El ascensor, que se ha quedado parado.
Yo: Mierda. -me acerqué a la puerta y le di un golpe pero nada, no funcionaba.
Carlos: A ver tranquila... -empezó a saltar.
Yo: ¡Pero qué haces loco!
Carlos: ¡Intentar que el ascensor baje! ¿¡Te parece!?
Yo: Justo me tenía que quedar encerrada contigo... No podía ser con otra persona, no.
Carlos: ¡¡Oye, no te quejes!!
Yo: ¡¡Pues no me grites!! -le dije en su cara.
Carlos: ¡Bueno pues lo siento joder!
Yo: Puf...
Carlos: Que.
Yo: Que te calles.
Carlos: ¿Y si no quiero?
Yo: Te callas igual.
Carlos: ¿Estás enfadada?
Yo: Sí.
Carlos: ¿Por qué?
Yo: Porque no soporto que me griten y menos estar aquí encerrada... -le di la espalda y me eché sobre la pared del ascensor.
Carlos: Perdona... Es que me pongo muy nervioso. -me abrazó por detrás y otra vez esa sonrisa tonta.
Yo: Vamos a intentar salir de aquí. -me di la vuelta.- ¿Vale?
Carlos: Vale.

Me dirigí hacia la puerta y empecé a darle golpes. Una vecina amable nos escuchó y empezó a hablarnos.

Vecina: Chicos lo siento, es que se fue la luz en todo el piso.
Carlos: Con razón estamos a oscuras...
Yo: ¿Y no sabe cuándo volverá?
Vecina: No cielo, lo siento. Me voy a casa, que me duele la espalda, a ver si cuando vuelva ya funciona el ascensor.
Yo: Vale, gracias. -noté como se iba.- Carlos, no estoy para juegos, dónde estas... -silencio- Va, Carlos, dónde mierda estás... -más silencio- Carlos... -empecé a llorar de broma para que viniera y me abrazara. Así hizo.
Carlos: Venga, no llores.
Yo: ¿Dónde estabas estúpido?
Carlos: Eh, eh, sin insultar. -se despegó de mi.
Yo: Dónde.
Carlos: En una esquina.
Yo: Por qué.
Carlos: Para darte un susto. -rió.
Yo: Pues no le veo la gracia, joder. -me crucé de brazos.
Carlos: ____ no te enfades anda.
Yo: No hagas eso más, eh.
Carlos: Vale. -reímos.

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