jueves, 5 de diciembre de 2013

Capítulo catorce.

-Tranquila... Joder, ya... Todo por mi culpa... -decía mientras me acariciaba el pelo con mi cara hundida en su pecho.
-No... No es tu culpa... Soy yo la tonta, que desde chica he sido lanzada y... -no podía más, me ahogaba en lágrimas.
-No llores más por favor... -me despegó de él y me miró a los ojos. Empezó a sonar mi móvil-. Es tu padre

Dudé. ¿Se lo cojo yo? ¿Y Carlos? ¿Quién se lo coge? Cogí el teléfono de la mesa de al lado de mi camilla. Efectivamente, era mi padre. No aguanté más y descolgué.

-¿Sí?

-¿Cómo que sí? Estás en un buen lío muchacha.

-Pero qué dices papá.

-Te he visto. Con Carlos. Patinando. Y he visto que no podías caminar. ¿Dónde estás?

-En el hospital -no le voy a mentir.

-Genial, porque voy para allá. El número de habitación.

-Sesenta y seis -se me paró la respiración por un momento y se me pusieron los pelos de punta.

-Muy bien. Te veo en dos minutos -colgamos.

Mierda. Mierda, mierda y más mierda. ¿Y qué hago yo ahora? ¿Y qué hace Carlos? ¿Se esconde? ¿Se queda? ¿Y mis ojos rojos de haber llorado? ¿Qué hago con ellos? Todo me sale mal siempre, joder. No sabía que hacer así que le dije a Carlos que se escondiese en el baño y justo, en ese momento, tocaron a la puerta.

-Pasa papá -la puerta se abrió y... Dios.

-No somos tu padre, pero igual pasamos -Álvaro, Blas, Dani y David entraron y Carlos salió del baño.

-Chicos, deberíais de entrar al baño, mi padre está a punto de llegar...

-Genial -dijo Dani con un poco de ironía-. He venido a ver a lo más bonito y me tengo que encerrar en un baño por no se cuánto tiempo.

-Eh, merluzo, no me la quites -se abalanzó Carlos sobre mi.

-Chicos, por favor...

-Toma -Álvaro me tendió un cojín que había por ahí-. Cuando se vaya, tira el cojín a la puerta. Que de en el pomo, ¿vale?

-No soy retrasada, sé lo que tengo que hacer... ¡Tirad ya para adentro! -les impulsé elevando mi brazo.

-Ya vamos, ya -dijeron los cinco al unísono.

Cinco minutos más tarde, mi padre llamó a la puerta. ¿Qué hago con el cojín? Si me lo ve, me preguntará que para qué lo quiero. Me lo puse en la espalda. Esto es más difícil de lo que yo misma me hubiese esperado.

-Pasa -esta vez sí que era él.

-Explicaciones. YA.

-Papá, acabas de pasar, no empieces por favor.

"Narra Carlos"

Este baño es demasiado pequeño. Estoy entre Álvaro y la pared y es como estar entre una morsa. Ha engordado o eso creo. Contengo la respiración cuando oigo pasos en la habitación. Es el padre de ____. Puse la oreja en la puerta para escuchar.

-Se la está liando buena -dije.

-Pero ella no tiene la culpa. Ni tú ni ella, Carlos, que sé lo que ibas a decir.

-Pero David, la culpa si que ha sido mía. Si no la hubiese llevado a patinar...

-Para de echarte mierda encima, melón, e informa -será cotilla Daniel.

-Pues a ver... El padre le ha dicho que no quiere que su hija, osease ____, siga conmigo y ella... Ella le ha dicho que va a estar conmigo siempre, y que si él, osease el padre, no quiere que se joda o que no le vuelva a hablar

-Que novia más buena -dijo Blas.

-Demasiado -aclaré-. Se ha escuchado un portazo. Eso es que se ha ido.

-Esperemos a el cojín -dijo Álvaro aplastándome.

De repente, algo golpeó el pomo. Era el cojín. El muy estúpido de David abrió la puerta y todos caímos al suelo ya que estábamos apoyados en la puerta escuchando. Ella se empezó a reír mientras yo estaba siendo aplastado por tres focas gordas de zoo. Se levantaron uno a uno y pude incorporarme.

-Esto no más, eh, David -me sacudí un poco.

-Claro, claro.

-Pero chicos... ¿Qué hacéis aquí?

-Carlos nos dijo que viniésemos a animarte -admitió Dani acercándose a ella igual que todos.

-No teníais por qué, de verdad, estoy medianamente bien -sonrió.

Me revolví el pelo y me senté al borde de la camilla, a su lado. Está tan cerca que puedo apreciar cada una de las lágrimas que derramó anteriormente. Es tan... que no se merece esto.

-Carlos, ¿qué pasa? ¿Por qué me miras así? -preguntó extrañada.

-Estoy pensando.

-¿En qué rubio de bote? -qué gracioso eres Álvaro.

-En nada -sonreí falsamente.

Me levanté y fui al baño, esta vez solo. Me puse en frente del espejo. Miré hacia el suelo y luego hacia mi reflejo. "Quizá tenga que cambiar" pensé, pero esa no era la solución. "O sí" decía mi subconsciente. Cada vez me acercaba más para verme mejor. "Puede que sí que tenga que cambiar" me propuse, pero yo soy de las personas a las que le da pereza cambiar, o simplemente no quiere. Hay otras que se aburren y cambian, pero yo no.

"Narra ____"

-¿Sabéis que le pasa?

Carlos me preocupa. Está un poco raro desde hace rato. Ahora se ha ido al baño sin decir ni mu. No obtuve respuesta de los chicos excepto por Dani. Él, asintió.

-Se cree que vas a tener que cortar con él por tu padre -bufó medio riéndose.

-Preferiría no hablar de ello -me di la vuelta y cerré los ojos.

-¿¡Le vas a dejar!? -me preguntaron al mismo tiempo.

-No quiero... Él... Él lo es TODO para mi. Sin Carlos yo no soy nada. Soy basura, doy pena. En cambio... A su lado me siento mejor. Más libre. Es un lugar dónde expresarse -declaré.

-Se nota que lo quieres -sonrió Blas.

A esto, salió Carlos del baño. Estaba raro. Me miraba diferente, no sonreía... Pero yo, le veía feliz. No creo que sea tan tonto como para cambiar ahora. Él, más bien que nadie, sabe que no me gusta que cambie. Me gusta tal y como es. No necesita nada más. Ya lo tiene todo, pero... No sé, ahora está un poco raro. No me miró si quiera cuando se fue de un portazo. Las lágrimas empezaron a salir. ¿Por qué quiere cambiar? Me llevé las manos a la cara y los chicos acudieron a abrazarme. Lo necesitaba. Un abrazo. Se despegaron todos, menos Dani, que seguía abrazándome.

-¿Crees... que... está... cambiando...?

-No. Este tío es muy vago hasta para cambiar, pero tranquila, que yo hablaré con el -noté su sonrisa en mi hombro.

-Gracias... -me despegué. Las lágrimas seguían saliendo, pero ya menos.

-No hay de qué, seguro que no le pasa nada, ya ver...

En ese instante, apareció por la puerta, también llorando. Sólo asomó su cabeza, cuando volvió a cerrar de un portazo. Álvaro se fue a hablar con él y Dani se sentó a mi lado, en la camilla, mientras Blas y David se sentaban en los sillones.

-Es subnormal de nacimiento -aclaró David.

-No te pases. No sé qué le ocurre pero lo averiguaremos, mientras tanto... ¿Qué queréis hacer?

-Yo he traído cartas -dijo Blas sacando en mazo del bolsillo de su chaqueta.

-Juguemos -añadió Dani.

Las horas se me pasaron volando y ni me enteré de que Álvaro volvió. A las nueve o cosa así, se retiraron todos para el hotel y me quedé sola un par de minutos hasta que Álvaro volvió.

-¿Qué pasa Álvaro?

-Carlos se ha ido así que esta noche me quedo aquí contigo.

-Espera, espera... ¿A dónde se fue?

-A casa, supongo.

-Llámalo.

-¿Por?

-Es capaz de haberse vuelto a Madrid.

Sacó el móvil y marcó. Se lo llevó a la oreja pero nada, decía que estaba apagado o fuera de cobertura. No sé lo que hará, pero sola no me quedaré, eso está muy claro. Por lo que Álvaro me ha dicho, esta semana se queda conmigo, la que viene Blas, la otra Dani y luego David. A saber lo que duro yo aquí quieta, pero en fin... Me lo pasaré bien, seguro.
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